jueves, 1 de mayo de 2014
Hombre solitario, calle Escarlata.
Abrigado con el saco de piel hasta las orejas, caminaba por la calle.
Las hojas que aquél otoño dorado desterraba, caían sobre sus rulos azabache creando un contraste casi divino.
Y él no buscaba nada.
Los faroles de sombras amarillas acariciaban su rostro austero de desamores, y los adoquines acompasaban su paso.
Y tal vez buscaba todo.
Y en la noche llena de luces, se perdió.
Y no solo a él mismo...
Y no solo el recuerdo de aquél cabello escarlata...
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